Alquimia

 

Alimentado por los escritos de Jung, de quien realizó una charla relacionándolo con el Expresionismo Abstracto (Museo de Arte Moderno Bogotá 1980), Luna ha entrelazado señales y signos de su fascinación por el tema, tanto en los textos que acompañan las pinturas, como en las ilustraciones de Atalanta Fugiens escrito por Michael Meier para la imprenta de Theodoro de Bry e ilustrado por Mathias Merian y conocido en el ámbito de Rodolfo II en el siglo XVII en Praga.

Como bien lo comenta en el video realizado por Paula Gaitán en 1991, alquimia no solo es la búsqueda del oro, sino la conciencia del Camino, Proceso, y refinamiento humano. Alquimia implica una vision sistemática del mundo.

No estamos hechos de fragmentos que componen una máquina sino que somos un organismo vivo que se retroalimenta permanentemente en interacción con su medio. Nuestra responsabilidad como entes inteligentes es promover este movimiento y aumentar la creatividad.

Históricamente la alquimia ha dado por supuesto un conocimiento cifrado del que supuestamente no se debe abusar ni propagar más allá de un grupo, clan o elite.

De alguna manera implica una distancia frente al lenguaje lógico racionalista. Quizás todo lo que quiere expresar no se logra con el lenguaje. De hecho en el pensamiento lógico como lo conocemos no cabe la carga de ambigüedad y misterio que constituye la alquimia. Quizás se comunique mejor como una danza moderna através de símbolos, señas y gestos.

No hay nada irrelevante o no conectado. Cualquier parte de la obra es tan importante como la otra. La vida es un errar en islotes y mundos que nos proporcionan luz y bienestar para seguir un camino. La asimetría es el inicio de la vida.

El mayor compromiso es con la conciencia. Y para expandir la conciencia es importante desarrollar los sentidos.

Dicho lo anterior, no tiene sentido entrar a decifrar la alquimia como un estilo o una época artística. Se destaca más como una disciplina, un ejercicio, un sitio de encuentro y de evocación a la realidad misma. Este conjunto de obras bajo el lema de alquimia, ilustran la unión de los opuestos, la geometria, el fuego, el carbón, y cita todo lo que puede compartir ese mundo interior, chamánico, fetichista, cómico, errante y especial. En el conjunto del trabajo aparecen primero en 1992 los signos químicos, los de procesos dilución, condensación, sublimación, aparece el azufre, la sal, el mercurio, dentro de una cuadrícula, cuadrícula que poco a poco fue dando paso a una pintura procesal, abstracta. En esa transición (1992), sobresale el ensamblaje compuesto por varios páneles de madera, en total aproximadamente 240 x 4 metros de ancho recargados uno sobre otro, (Museo Sofía Imber-Caracas 1994) con el signo de oro al frente así como de metales alusivos al proceso en mención en las filas de atrás.

Progresivamente se fueron incorporando textos que acompañaron las ilustraciones de Leonardo de Bry (Libro Esmeralda) en pinturas más abstractas, así como en las serigrafías sobre bronces. La citacion de contenidos alquimicos se fue haciendo más espontánea y se fue entremezclando con otros temas hasta el presente. Se podría decir que la alquimia ha constituido más una ética, que un motivo de ilustración.

Es en un solo cuadro llamado precisamente El Alquimista que se reproduce inmerso en un signo de infinito un hombre mirando hacia el oriente y en las cuatro esquinas de la obra emblemas correspondientes a la Tabla Esmeralda publicado por Theodoro de Bry e ilustrado por Mathias Merian. Es una obra en blanco, negro y dorado de aproximadamente 240 x 380 cms. sobre tabla, realizada en 1998, aparte de ésta a pesar de usar profusamente los emblemas antes mencionados solo, aparecen tangencialmente en el cuadro.

 
Todos los derechos reservados - Luis Luna Matiz