Goya

 

Como con otros temas, GOYA se repite a través de todo el trabajo entrelazado en especial con las series de Viajeros de la Nueva Granada. Desde comienzos de los noventa el tema ha sido recurrente en distintos medios y técnicas.

El mundo goyesco, época de contradicciones, por un lado el espíritu ilustrado republicano de Francia y por otro lado los intereses imperiales que llevaron a la invasión de España, fueron escenario para los grabados de Goya. Es la misma época en que se va gestando la idea de la independencia en América Latina, época en que los intelectuales criollos mantenían relaciones con sus compañeros de ideales españoles, especialmente en Cádiz, cuyo mejor ejemplo fue Antonio Nariño.

Son mundos donde se desarrolla el sentimiento de pertenencia y de identidad. Al mismo tiempo el espíritu de mancomunidad, internacionalización de las ideas.

Goya tiene un atractivo para el que tiene mas que ver con la cercanía a la locura, los sueños, lo popular y el lenguaje.

Hay una manera de usar lo cotidiano más allá de lo real de manera que siempre tendrá un pie en un mundo mágico o subreal. Casi que podría decirse que en todos los trabajos predomina algo de esa admiración a Goya, si por ella entendemos la cercanía a cosas triviales, sublimes religiosas, iconoclastas.

El políptico de Quien lo Creyera, donde coloca postes alusivos al infiernito en Vde Leyva y la imagen de dos brujas volando y en lucha sobre una escoba es el que mejor demuestra esto. Se encuentra la escena fragmentada de las brujas, en un contexto que alude al infiernito, centro astronómico pre-muisca.

El metal en que reproduce al Matarife de San Victorino ilustrado por Groot en el siglo XIX y las alas vampirescas en la esquina inferior de unos monstruos goyescos son imágenes contundentes de la convivencia, quizás que llevamos todos en un inconsciente común.

 
Todos los derechos reservados - Luis Luna Matiz